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Descansando


Este enero con la familia nos tomamos unos días para pasear.

No teníamos ganas de ir mucho tiempo a un lugar puntual, así que hicimos una especie de popurrí.

El primer viajecito fue bastante cerca: nos fuimos a una chacra en Open Door por tres días. Era con las cuatro comidas incluídas, así que descansamos *y comimos* un montón...

Había una pileta que disfrutamos muchísimo, y actividades para los pequeños, que incluía darle de comer a animalitos, ordeñar una vaca, y varios etcéteras.

Viendo como se ordeñaba una vaca

El segundo viaje fue más lejos, e hicimos dos lugares en tándem. De casa fuimos para Costa Azul, a disfrutar de la playa y el mar.

Me sorprendió por un lado todo lo que Felu disfrutó el mar, y las ganas con las que Malena le entraba a la playa y el mar.

Malena y el mar

De la costa fuimos directamente para Chascomús, donde nos quedamos un par de días.

En el viaje nos agarró una tormenta como nunca había visto. En la vida había manejado con tanta agua alrededor. Pero llegamos bien, y como los días no estaban tan soleados, aprovechamos para descansar bastante.

El último día se acercaron mi vieja y Oscar y armamos un día de pesca en la laguna. Estaba fresco, pero soleado, y nos terminamos quemando un poco demasiado :/

Felipe en la laguna

En fin, descansamos mucho, y comimos más (ya nos pusimos a dieta :p). Y los chicos la pasaron bárbaro.

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Londres Diciembre 2013


Una vez más fui por laburo a Londres. Como las otras tres veces, me quedé una semana, viajando los fines de semana, y dejando libres para pasear un poco la tarde del domingo, la mañana/tarde del sábado, y los días de semana luego de las 18.

El tema es que esta vez el viaje fue la primer semana de Diciembre. Y en Londres está terminando el otoño. Y están muy al norte. Resultado de todo esto: a las cuatro de la tarde empezaba a anochecer :/. Pero eso no evitó que paseemos algo (¡mercados!) y que recorramos lugares de comidas y bebidas.

A punto de comer coreano

Gastronómicamente, este viaje se lució. Todos los días nos tomamos una cerveza en algún pub inglés. A veces menos, a veces más, y conociendo distintos bares. Y a nivel comidas, muy bien también. Cenamos indio el domingo, tailandés el lunes y coreano el martes (el miércoles no llegué a cenar porque estuve de compras, el jueves fue la fiesta de fin de año de la empresa, con comidas variadas para picar parados, y el viernes comí comida inglesa... dos puntos sobre cinco, como siempre).

Los almuerzos también se destacaron. Bah, desde el jueves, que conocimos el Borough Market, un lugar bárbaro para comprar un montón de ingredientes, pero donde también tenés comidas listas para comer. El jueves comí sánguche de pato, el miércoles hamburguesa de cordero con menta, y el sábado chancho deshilachado a la barbacoa.

Sánguche de pato

El sábado con Guillo nos fuimos a otro mercado, el de Bricklane Street. Este es más de ropas, antigüedades, cosas artesanales y vintage, todo muy hipster, todo muy loco. No es mi target, pero igual compré un par de regalitos y algo para la casa

Todas las fotos, acá.

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Vacaciones serranas


Los últimos días de Julio y primeros de Agosto nos fuimos de vacaciones con la familia.

La mayoría de los días los pasamos en Merlo, donde hicimos base para (además de conocer la ciudad en sí y sus atractivos turísticos) pasear por San Javier, Yacanto, Nono, Mina Clavero, etc.

Las montañas, desde la cabaña

Luego, cruzamos las "altas cumbres" y nos quedamos un par de días en La Bolsa, una ciudad cerquita de Alta Gracia. De ahí paseamos a Villa General Belgrano, visitamos amigos en Córdoba Capital y también en José de la Quintana.

Pasendo por la ciudad de Alta Gracia

En general, paseamos bastante pero no demasiado, ya que para los chicos en algún momento se ponía pesado el tanto movernos. Pero conocimos lugares hermosos, compramos cosas ricas, y disfrutamos mucho todo.

Destaco un reloj de sol que está buenísimo, hecho por Pérez Celis. Bah, son dos relojes, uno horizontal, y otro vertical (y este de dos caras), que no sólo te daba la hora, sino también el mes. En las fotos hay una en particular que explica en detalle cómo leerlo e interpretarlo.

Reloj de sol

También visitamos un algarrobo de más de 1200 años de viejo, y como atracción está bueno destacar el Camino de las Altas Cumbres, hermoso para hacerlo en velocidad de paseo, ya que sube y baja toda la montaña.

De Merlo me llamó la atención que muchos semáforos tenían un contador de segundos que indicaban cuanto faltaba para que cambie de rojo a verde o viceversa (lo cual estaba buenísimo), pero no encontramos ni un semáforo para peatones :(. Otro detalle que noté es que no había nada de wifi público en ningún lado, lo cual me sorprendió porque escuché mucho del "wifi en San Luis" y esperaba que funcione en uno de sus principales puntos turísticos...

Todas las fotos, acá.

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Aerolineas


En unos días más se realiza PyCon Venezuela, un evento al que fui invitado a dar un charla. La invitación era a todo trapo: me pagaban el viaje y el hotel, lo cual estaba buenísimo (gracias Israel Fermín!).

Con la familia hace rato que no nos tomábamos vacaciones, entonces me pareció interesante que me acompañen. Hice que los organizadores saquen mi vuelo como para llegar algunos días antes de la conferencia, y ni bien tuve el ticket electrónico de cuando viajaba, les compré pasajes a Moni y Felu. No conseguí en el mismo avión, sino que ellos salían tres horas más tarde (igual llegábamos a Caracas con 20 minutos de diferencia); la vuelta son totalmente distintas, ya que luego de unos días de paseo, ellos se vuelven y yo me quedo a la conferencia en sí.

Bueno, les decía que me había llegado el ticket electrónico del pasaje que me compraron los organizadores. Salía en un horario complicado (sábado a las 5:30 de la madrugada, el embarque es 4:30, hay que estar 3:30, etc). Encima, como los otros pasajes los compré con mi tarjeta (ya tuve mucho bardo con esto hace tres años y medio), y además también sale Felu del país, yo quería llegar al aeropuerto aún más temprano, para ver que estuviera todo bien.

Pero bueno, más allá del horario difícil el ticket electrónico estaba bien: tenía ida y vuelta en las fechas correspondientes, estaba a mi nombre (dice "HORACIO FACUNDO BATISTA"), y el resto era normal.

Pasaron un par de meses, se hizo el día del viaje.

El viernes al mediodía hice los checkins de todos los vuelos. Primero el de Moni y Felu, obviamente los senté juntos, todo bien. Cuando fui a hacer el mío, noto que el papel de web check-in que me emite es a nombre de "Facundobatista/Horacio". Ahí me contacté con Israel, le dije que eso estaba feo, que el resto estaba bien en todos lados, así que creía que no iba a tener problemas.

Error. Grosero error.

Error

El viernes fuimos a comer a lo de mi viejo, y tipo dos y media de la mañana partimos para el aeropuerto. Ni bien llegamos, empecé a moverme para asegurarme que Moni y Felipe pudieran viajar bien (como salían tres horas después que yo no era cuestión que tuvieran algún drama, yo iba a estar volando). Estaba todo bien mientras pasáramos por migraciones los tres al mismo tiempo. Fuimos a LAN, que es por donde viajaban ellos, y sin problemas aceptaron hacerle el check-in antes de que lo abran oficialmente, entonces si yo despachaba todo lo mío (yo viajaba por TAM), luego despachábamos lo de ellos, y hacíamos el resto de los trámites juntos (control de seguridad, migraciones), y yo ya los dejaba "del lado de adentro", me tomaba mi avión, y listo.

Cuando fui a hacer mi check-in empezó el drama.

La persona que hacía el primer control ya detectó el problema con el nombre, así que directamente fuimos ambos a la mesa de check-in para ver qué pasaba. Ahí estaban tres chicas, incluída una supervisora. Lo miraron, lo pensaron, lo charlaron, y me dijeron que no podía viajar, porque el nombre estaba mal, que tenían que averiguar si ellas podían cambiar el nombre, y si ese cambio tenía un costo.

Se va la supervisora, vuelve a los cinco minutos, y me cuenta que ellos no pueden hacer el cambio de ninguna manera, porque aunque el vuelo es de TAM, el ticket está emitido por Copa. Que me vaya veinte mostradores más allá y que hable con la gente de Copa y les explique el problema, y les pida que me cambien el nombre.

Fui. Estaba lleno de gente pero a esta altura yo ya esquivaba cualquier cola y hablaba con el que me pareciera de rango más superior. Le expliqué el problema, le mostré que yo tenía mi embarque en treinta minutos, que me tenían que cambiar el nombre o no iba a poder viajar. La chica agarró su handy y empezó a hablar con otra persona, y me terminó diciendo que ellos en el aeropuerto no podían hacer ese cambio. Que tenía que ir a una oficina (en el centro, abrían 8:30!), o que llame al call center, y que les diga que lo cambien ahí.

Me da el número del call center (un 0810 algo), marco cinco veces desde mi celular, pero la llamada no entraba (se cortaba sin decir nada). Mi viejo tenía monedas, así que fui a un teléfono público, y probé llamar. Ahí me dijo que la característica era incorrecta. Puteando, volví a los mostradores de Copa y le pregunté a otra persona por el número, me dijeron que me lo habían anotado mal (boludos!), y me lo corrigió.

Llamé, me atendió una chica con acento raro, bien podría ser panameña. Le expliqué mi problema, y me dijo que no podía ser, que "los sistemas de Copa no manejan espacios". What? Me preguntó por dónde era el vuelo, le dije que por TAM, me dijo que TAM tampoco maneja espacios. Yo no entendía nada.

A esta altura ya había vuelto al mostrador de TAM, y mientras hablaba con la panameña le iba contando a la supervisora de TAM (que tenía la mejor onda) lo que me iban diciendo. Al final, entre los tres desculamos cual era el drama: Habían separado mal lo que eran nombres y apellidos. O sea, del string que yo había visto en el ticket electrónico que dice "HORACIO FACUNDO BATISTA", solamente la primer palabra correspondía a nombre, mientras que las últimas dos correspondían a apellidos. Ergo, en el ticket real quedó armado "Facundobatista/Horacio".

Anyway. Le pedí a la panameña que por favor lo cambien, y me contestó que ellos no podían hacer nada, porque el ticket fue emitido por Despegar.com, que tenía que hablar con ellos para que lo rectifiquen. A todo esto eran las cuatro y cuarto, mi embarque era en quince minutos, yo no tenía ningún número de Despegar, y en Venezuela ya era de noche.

Resignación

La coordinadora de TAM me dijo que ella iba a averiguar un número de Despegar y que iba a intentar llamar (¿les dije que tenía la mejor onda?), y mientras tanto yo llamé a Israel, a ver si todavía estaba despierto. Por suerte lo encontré, le expliqué el tema, y le pedí que por favor se pusiera en contacto con la gente allá para que hablaran con Despegar y arreglaran todo.

A esa altura, las otras dos chicas del check-in estaban leyendo y releyendo el manual que reglamenta como tienen que estar los nombres en los tickets con respecto a los nombres reales de las personas, lo cual parece que es complicado, por todos los nombres y apellidos compuestos que hay. Vuelve la coordinadora, me dice que en Despegar atienden, que tenés que apretar 1 si estás en el aeropuerto, pero que luego ahí se quedaba siempre con musiquita y no pasaba nada más.

Se puso con las otras chicas y el manual, y les explicaba que habían tres párrafos que podrían ser los que se aplicaran a mi situación, pero ninguno de ellos eran lo suficientemente específicos como para indicar que lo mío estaba ok, o que estaba directamente mal.

Al final, la supervisora volvió a irse con todos mis papeles, volvió a los cinco minutos, y me dijo que el nombre estaba teóricamente mal, que a esta altura nadie lo iba a poder corregir, pero que ella me iba a liberar el ticket igual, así que yo iba a poder viajar. Y que el ticket en Rio de Janeiro (donde yo hacía escala) se liberaba al mismo tiempo, que ella estaba segura que no iba a tener problema, que a lo sumo después le llegaba un reclamo interno a ella. Yo no sabía como agradecerle, :p.

Me hicieron los tickets, salimos corriendo a hacer el check-in de Moni y Felipe, y subimos. Arriba era todo un bardo de quintillones de personas, pero teníamos doble prioridad (por llevar un niño pequeño, y por estar embarazados), así que hicimos todo en tres minutos, y se terminó la odisea.

Lecciones aprendidas: primero, si ven el ticket electrónico que está todo bien, puede no estarlo... no sé si hay forma de validarlo, pero al hacer el web check-in, si detectan cualquier anomalía, llamen al toque y empiecen a moverse para que lo corrijan lo antes posible. Segundo, si las personas que te atienden realmente le ponen ganas y quieren ayudarte (gracias Daiana!), la mayoría de los problemas se resuelven favorablemente.

--

Retomo este texto ya en Caracas. Yo llegué bien.

¿Felu y Moni? Les cancelaron el segundo tramo del vuelo, están demorados en Perú. Ambos están bien (Felu con un poco de fiebre, bah), en el Sheraton de Lima, pero es un bajón. LAN me dice que la salida estimada es para las 7:50, o sea que estarían llegando acá pasado el mediodía.

Ufa, :(.

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Videos de la Luna de Miel


Y el día finalmente llegó: tengo todos los videos editados y publicados, todos los que alguna vez filmé, pueden verlos acá, el enlace está siempre en la barrita vertical de la derecha.

Montaje

Lo último que agregué fueron los videos que hicimos con Moni en la Luna de Miel, cinco videos, uno por ciudad.

Son notablemente cortos y dejan afuera casi todo lo que paseamos... sí, no filmamos mucho, pero si les interesa complementar, este es el post de la Luna de Miel, y acá tienen todas las fotos que sacamos.

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Más videos


Agregué en la página de mis videos los correspondientes a California, México y Suecia (todos de Mayo/Junio del 2005).

Ya casi no me quedan videos que editar, y estoy terminando con esta tarea que es un poco agotadora (en promedio, para editar un video, lo termino viendo unas 5 veces, lo cual aburre muchísimo!).

Pero bueno, era algo que quería hacer, y ya casi está listo.

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Laburando en UK


La semana pasada la pasé en Londres, en un sprint de todo Online Services. Estuvo muy bueno, porque es en estos eventos donde vemos a nivel de estrategia en dónde estamos, qué vamos a hacer los próximos meses, prioridades, etc.

También está copado poder ver cara a cara e interactuar (trabajando o tomando una cerveza) con los compañeros de trabajo, que normalmente están del otro lado del chat.

Obviamente, la mayor parte de lo que vimos y escuchamos ahí es confidencial, pero les aseguro que Ubuntu One va a rocanrolear de formas muy interesantes en los próximos meses...

Otra actividad que se hace en este tipo de reunión general es algo para "integrar el grupo"... el año pasado resolvimos unos acertijos que implicaban pasear por Londres, pero este año fue distinto: fuimos a una Escuela de Cocina donde guiados por los chefs/profesores hicimos pizzas entre todos (pizzas que luego, por supuesto, nos comimos nosotros mismos).

Ingredientes

La verdad es que estuvo muy muy bueno el evento... no sólo porque las pizzas estaban ricas, sino porque la onda del lugar y de la gente era genial. Encima, a mí me tocó como chef a Anna Venturi, dueña del lugar y autora de un texto que estaba tipo cuadrito en una de las paredes del lugar:

Venturi's table - la filosofía atrás del negocio

Si alguna vez me ponía de mal humor - lo cual era frecuente en mi adolescencia - mi abuela hacía que la ayude a preparar la cena. Para cuando las albóndigas estaban hechas mi humor se había levantado y estábamos riendo juntas.

La cocina es un lugar donde se comparten secretos - tanto de la vida como del arte de cocinar. Las familias se juntan en las cocinas porque en ningún otro lado de la casa la gente se comunica tan abiertamente. Los problemas son cortados y diseccionados, las discusiones hierven y se evaporan, y las preocupaciones desaparecen. Desde muy joven aprendí que cocinar juntos es una gran manera de hablarse los unos a los otros. Podés intentar ponerte complicado en la cocina pero no lo lograrás.

Cocinar juntos es siempre una experiencia positiva. Crea una intimidad entre la gente que es muy difícil lograr en el día a día. Mi abuela me enseñó que cocinar no tiene que ser complicado. La clave son ingredientes de buena calidad y sabores simples. El cocinar es un acto creativo, casi infantil por momentos donde olvidamos nuestras preocupaciones y no tememos ensuciarnos las manos y experimentar. Mirar como la gente se transforma al preparar comida es lo que más disfruto. Es un proceso que nos lleva a una época en la que no nos importaba tener harina en el pelo o comer mezcla de torta directamente del bol.

Finalmente, el acto de preparar una comida juntos es una manera de dar algo a nuestra familia y amigos. Es un placer simple que es frecuentemente olvidado en nuestras ocupadas vidas. Comer juntos alrededor de una mesa me recuerda nuestra pequeña cocina en Vía Cappuccini o los veranos que pasé con mi familia en Riccione. La clave es compartir buena comida y crecer juntos como personas.

Anna Venturi



A nivel de viaje... no mucho, la verdad... los días de trabajo fueron intensos, y más allá del domingo y el sábado que paseamos un poco, el resto de las noches sólo fuimos a comer o a comprar algo para comer y cenábamos en la habitación. Salimos a comer tres veces en total... a un restaurant indio, a uno vietnamita y a un pub "muy local" para probar lo que allá llaman "fish and chips" (por lejos, la comida más floja de estas tres que dije):

Fish and chips

El clima estuvo mucho más feo que el año pasado (esta vez sí nos tocó el típico clima de Londres), tuvimos algunas lloviznas mientras paseábamos, y el domingo volvimos empapados al hotel. Pero si de clima se trata, lo complicado fue volver a Argentina, por las cenizas del volcán Puyehue. Por suerte, justo se corrieron para que podamos volver la mayoría... los vuelos anteriores fueron cancelados, y los posteriores también (tengo compañeros de trabajo que recién pudieron volver hoy...).

Las fotos de todo, acá.

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Videos


Unos de los proyectos más a largo plazo que tengo, no porque piense demasiado en el futuro, sino porque lo vengo arrastrando desde un lejano pasado, es el de editar y publicar mis videos.

Cuando hice el Master en Italia decidí comprarme una cámara de video (la otra opción era una cámara de fotos), cosa que hice en un supermercado de la zona a un muy buen precio. Hoy por hoy a la cámara se le nota la antigüedad, pero la verdad es que la amorticé, y debo decir que a nivel de calidad de la cámara, hice una buena compra.

Por otro lado, a nivel de usabilidad... no es lo más piola los videos... y el motivo principal de esta desventaja es que es imposible filmar de manera de que el video quede interesante (o al menos no aburrido) de ver directamente. En otras palabras, hay que editarlo.

Y editarlo lleva tiempo! Y miren que llevará tiempo, que editar mis videos es uno de los proyectos a más largo plazo que tengo, ;)

En fin. Se fueron pasando los años, y en algún punto me lo tomé como una actividad monótona creciente: aunque hiciera muy poquito cada tanto, ese poquito sumaba; y me puse como meta que ese "cada tanto" no fuera demasiado... y los fui editando. No sólo eso, sino que también los fui terminando de editar, y aquí largo la primera tanda.

Para presentárselos, armé una página en este mismo blog: la Página de los Videos. Como pueden ver ahí, ya tengo todos los del Master en Italia, en 2002, más los de un curso en Toledo, en 2005. Actualmente estoy trabajando en los de un curso en Holanda, también en 2005.

Para verlos, hagan click en la imagen. Están codificados en Theora, así que Firefox debería mostrarselos bien, con los controles para play, pausa, etc.  Pueden descargarlos y verlos offline, también, si prefieren. Y pueden compartirlos, pero no modificarlos ni usarlos para un propósito comercial.

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Fin de semana en Tapalqué


Viajamos el jueves... queríamos salir más temprano, pero terminamos armando casi todo el mismo jueves, así que  no salimos antes de las once y cuarto.

El viaje se hizo corto, en parte porque son solo 280 km hasta allá, y en parte porque con Moni manejamos la mitad cada uno.  Por otro lado, la ruta estaba bastante cargada, y algunos tramos se hacían lentos.

Llegamos a eso de las cuatro y media de la tarde.  Diana y Gus estaban de antes, ya habían hecho la carpa y estaban almorzando. Nosotros veníamos comidos del viaje, así que nos pusimos a hacer la carpa, descargar el auto, inflar el colchón... armar todo, bah.

Antes de que anocheciera fuimos a pegar una vuelta, y de paso a buscar algo de leña que había sido amontonada vaya uno a saber por quien, pero que el guarda del camping nos dijo que podíamos usar. No la íbamos a usar esa noche, pero la queríamos poner a resguardo, porque quizás llovía y no queríamos que se mojara (igual estaba un poco húmeda...).

Ese día para cenar hicimos un arroz con verduras y caballa, que no nos llegó a sacarnos el frío, y nos fuimos a dormir. Es que hacía mucho frío. Igual, cuando ya habías entrado en calor podías dormir, pero nos pasó que Felu se despertó un par de veces y Moni se recontracongeló hasta que pudo hacerlo volver a dormir, :(

Al otro día, luego de desayunar salimos a pegar una vuelta por la ciudad. Por suerte, a pesar de ser viernes santo, encontramos un supermercado abierto y pudimos comprar carne, carbón, verduras, etc.

Familia en la plaza

El centro está lindo, una plaza muy cuidada (aunque con la fuente apagada), las calles pintorescas, una plaza seca de juegos para chicos, bien.  Lo que no nos gustó fue un monumento que había en la plaza, que resalta con orgullo que la ciudad fue una avanzada en la matanza de los indígenas que se realizó bajo el gobierno de Rosas.

Volvimos al camping, Gustavo hizo un rico asado, y a la tarde, luego de un poco de fiaca, y aprovechando que el frío había aflojado un poco, nos fuimos yendo todos a bañar.

Luego jugamos un Tute Cabrero mientras anochecía, y acto seguido fuimos a cenar al pueblo... la verdad es que muchas opciones no había... sólo dos lugares para comer. Fuimos al que más hogareño nos parecía, y resultó ser sólo pizzería: pero las pizzas estaban muy ricas, y estaba calentito. Así que volvimos con la panza llena y a dormir.

De nuevo estuvo complicado descansar, por el frío, así que con Moni terminamos de tomar la decisión de volvernos el sábado a la noche, para no tener que volver a dormir con ese fresco. Sí, nos perdimos el domingo, pero la verdad es que tampoco podríamos haberlo aprovechado demasiado, ya que debíamos salir medianamente temprano para volver tranquilos con la millonada de gente que vuelve también a sus casas luego del fin de semana largo.

El sábado hizo mucho sol, pero no llegaba a calentar demasiado en el camping abajo de los árboles. Por eso es que nos fuimos de picnic a unos cien metros de la carpa donde el sol pegaba lindo, y así pasamos la mañana calentitos.

Felipe jugando con las hojas

La tarde se fue pasando entre comida, charlas, un paseo que hicimos caminando por los alrededores del camping, y el desarmado de la carpa y armado de todo adentro del auto, y a la tardecita emprendimos el regreso. Nuevamente manejó la mitad Moni, y llegamos bien entrada la noche, pero no tan tarde, con tiempo para incluso acomodar muchas de las cosas antes de irnos a dormir.

La pasamos bien (todas las fotos acá), pero un bajón el frío... para el año que viene, veremos si podemos hacer que semana santa caiga en Febrero, :p

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Viajando distinto


Una de las decisiones que tomé en el 2010 con respecto al 2011 fue la de ir sí o sí a PyCon USA este año. Luego me dieron el Python Community Award y la decisión fué más firme aún, ya que el premio incluye la entrada a la conferencia y 500 dólares que aunque no cubren todo el hotel, es una buena parte.

Cuando empecé a buscar vuelos, hace tres o cuatro meses, encontré que tenía puntos en American Airlines, de otros vuelos que había hecho. Tenía como sesenta mil... lo cual no me decía nada, vieron como son los programas de puntos: "Tenés un millón setecientos treinta y dos mil cuatrocientos doce puntos, que apenas te alcanza para un tubo de pelotitas de tenis".

Sorpresa mía, cuando ví que con ese puntaje me alcanzaba para ¡el viaje de ida y vuelta! Ahí fue donde empecé a revisar las condiciones para cambiar los puntos, a qué vuelos se los pueden aplicar, etc. Son bastantes restrictivas. Y yo quería apuntarle muy bien a los días que iba a estar en Atlanta, porque el hotel es caro y no quería quedarme allá más de lo necesario.

Y encontré una combinación que me servía... pero para la ida no tenía vuelos comunes, sino de alto puntaje. Y ahí no me alcanzaban los puntos, pero me quedaba corto por muy poquito. Lo bueno es que podés comprar puntos, y lo que yo necesitaba salía unos veinticinco dólares (peso más, peso menos).

Y los compré, ya que estaba resolviendo el tema del avión por muy poca guita. Lo destacable es que esos vuelos de alto puntaje eran Business en el tramo largo (Buenos Aires - Dallas) y Primera en el tramo corto (Dallas - Atlanta).

Business y Primera

Nunca había viajado en business o primera... y la verdad es que hay mucha, mucha diferencia de confort. Sigo pensando que si lo tengo que pagar yo, no lo pago (hay mucha, mucha diferencia de guita contra el vuelo común), pero la verdad es que lo disfruté.

El vuelo largo, que es el más complicado por la cantidad de horas, se me pasó volando (cuac!). El asiento es súper cómodo, y le podés regular todo con unos botoncitos. Tiene mucho espacio alrededor, podés ir super estirado, e incluso se pone 100% plano para dormir.

La comida también es muy distinta: un champancito mientra esperás, una copita de vino y nueces calientes antes de la cena, elegir lo que querés de un menú con dos opciones de entrada, cuatro de plato principal y dos de postre, una copita de Baileys... muy distinto a lo otro, muy distinto.

Y la sorpresa final fue cuando repartieron los auriculares: unos Bose con cancelación activa de ruido que me permitieron ver una película sin subtítulos, ya que con los auriculares comunes y el ruido del avión es imposible. Obviamente no te los podés quedar, pero es un buen detalle para el vuelo.

El único punto en contra del servicio fue que los asientos tienen enchufe... pero de continua, un enchufe especial como el del encendedor del auto. Y las azafatas no tenían un adaptador/conversor para 220v o 110v, y tampoco vendían uno, así que no lo pude usar.

Por otro lado, entre que hice un sudoku en una revista, la película (con la cena durante la misma), y que dormí bastante cómodo, prendí la laptop tres horas antes de llegar, y la batería casi me alcanzó para todo lo que quería hacer.

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Vacaciones en el sur


Las últimas dos semanas de Enero nos fuimos al sur de vacaciones y a ayudar a mi hermana en la construcción de su casa, en Piedra del Aguila

Salimos el lunes, porque el sábado teníamos un cumpleaños y el domingo terminamos de preparar todo; no partimos demasiado de madrugada, pero llegamos a General Acha al atardecer, para disfrutar la última hora de sol.

Paramos en un hotel a unos diez kilómetros del centro de la ciudad que estaba muy lindo. No era particularmente barato, pero la habitación tenía más camas de las que necesitábamos (para una familia más grande o un grupo de cinco o seis personas hubiera estado bien).

A puro campo

Al otro día desayunamos y recorrimos la segunda mitad del camino. Llegamos a Piedra del Aguila con un viento increíble, que hizo que armar la carpa no fuera para nada sencillo. En un determinado momento habíamos armado la estructura base y entre cinco personas la sosteníamos para que no se vuele.  La fuimos estacando al piso, y peleamos otro rato para ponerle el sobretecho, pero cuando estuvieron los vientos bien ajustados pudimos terminar de acomodarla mejor. Incluso la rodeamos de ladrillos en toda la base para que el viento no haga fuerza de abajo.

Lo bueno es que la carpa no se voló, pero realmente estuvo al límite: se rompió un agarre al piso, se desgarró en dos puntos más, y se hizo un siete bastante grande en el alero. Pero bueno, sobrevivió, ahora la tenemos que arreglar un poco (y reforzarla).

El día que llegamos no hicimos mucho más, pero al otro día ya arrancamos a trabajar temprano. La platea para las dos nuevas habitaciones ya estaba hecha, así como el caminito base para las hiladas de ladrillo (lo que incluía a los hierros que surgen de abajo para afirmar la estructura).

Apenas comenzada

Como verán en la foto, no usamos ladrillos comunes para construir, sino ladrillos de hormigón celular curado en autoclave. Más allá de las ventajas propias del material (aislación acústica y térmica, resistencia al fuego, etc.), tengo que destacar lo increíblemente sencillo que es de trabajar con estos ladrillos, y lo rápido que se va construyendo la pared.

Por otro lado, a Diana y Gustavo se les ocurrió una casa "no cuadrada" (vean el perímetro de la pared en la foto), con lo que había que hacer muchos ajustes en los ladrillos de terminación, lo que implicaba medir, marcar, y cortar con la amoladora y el serrucho.

Así y todo, con la ayuda de mi viejo, del hermano de Gus y mía, unos días después ya teníamos las primeras hiladas con los refuerzos para las ventanas y todo (la primer hilada lleva un doble refuerzo de hierro).

Lo más complicado para trabajar era el clima. El viento  estuvo complicado los primeros días, pero luego amainó. Pero el sol no dió tregua... nos levantábamos relativamente temprano (a las 9 seguro ya estábamos laburando), y teníamos que abandonar cerca del mediodía, para reanudar cuando el sol dejaba de partirte el marote. Lo mejor para el sol: tomar mucha agua, ponerse protector solar temprano y crema hidratante a la noche, y usar sombrero, que no solo te protege la cabeza sino también la cara y el cuello.

Al mediodía generalmente nos íbamos a comer al lago, aprovechando que el sol no empezaba a bajar hasta eso de las cuatro o cinco de la tarde. Entonces íbamos, nos tomábamos alguna cerveza, comíamos rico, dormíamos la siesta, y volvíamos al trabajo con las pilas renovadas.

Tardecita al lado del lago

En la segunda semana aprovechamos y salimos a pasear con Moni y Felu. Fuimos derechito a San Martín de Los Andes, donde conseguimos habitación de casualidad (estaba todo completo, pero recorrimos un par de lugares por indicación de la oficina de turismo y encontramos una habitación en un hotel).

Esa noche salimos a pasear un poco por la ciudad, visitamos un Museo sobre el Che Guevara, vimos un espectáculo musical en la plaza del pueblo, y comimos unas ricas pizzas.

Al otro día visitamos un par de miradores, y arrancamos a Bariloche, por el camino de los Siete Lagos: muy lindo, pero los últimos (muchos) kilómetros de ripio te ponen de la cabeza. Encima no podíamos bajar a Felipe del auto en todos los miradores, porque después no se quería volver a subir, así que algunos los vimos rapidito. Pero igual valió la pena, e incluso almorzamos en la playita del Lago Hermoso.

Almorzando en Lago Hermoso

Cenamos en Berlina, un lugar de esos "alemanoides que hacen cerveza artesanal". Muy, muy bueno. Cien por ciento recomendable. No vayan a Bariloche sin pasar a cenar por Berlina. Las cervezas estaban muy bien (probamos de dos tipos solamente), y la comida estaba bárbara (pedimos una Ensalada Patagonia, se destacaban el tomate seco y el ciervo ahumado, espectaculares, y unos Raviolones de Cordero que estaban increíbles: para darles un detalle, al cortar el raviolón se notaba la fibra del cordero adentro, no era una pasta sino cordero de verdad). La atención también fue muy buena, y el único detalle que no nos gustó fue que el aceite de oliva que servían... ¡no estaba a la venta! (era de producción propia, y estaba tan rico que nos queríamos llevar una botella).

Al otro día, arrancamos para el centro, pasamos por la oficina de turismo y vimos qué cosas se podían hacer; como teníamos un día, básicamente teníamos que elegir qué de todo eso queríamos hacer en ese momento, y decidimos disfrutar más que conocer frenéticamente. Bajamos a una playita ahí en el centro para estar un rato, y luego fuimos a Playa Serena a almorzar. Ya de ahí arrancamos para el recorrido llamado Circuito Chico, que hicimos tranquilos (incluyendo una siesta a mitad de camino), y luego de vuelta al hotel, bañarnos, salir a comer a una parrillita, y al sobre.

El jueves partimos temprano del hotel, pasamos por el centro a tomarnos un helado, comprar algo de chocolate y algunas artesanías, y emprendimos la vuelta a Piedra del Aguila.  Llegamos al atardecer y comenzamos a preparar un poco todo porque al otro día nos volvíamos a Buenos Aires. La idea era volver durante el sábado y domingo, pero nos dejamos estar con la reserva del hotel y unos días antes ya no encontramos nada para el sábado a la noche, así que viajamos viernes y sábado (el viernes paramos en un hotel de Santa Rosa).

Encontramos las habitaciones de la casa bastante más armadas, casi listas para ponerles las ventanas y puertas, y con los chicos ya pensando el detalle del techo.

Casa más avanzada

Al otro día nos levantamos tempranito, desarmamos y acomodamos todo, y arrancamos el viaje de regreso. La verdad que la vuelta se nos hizo mucho más corta que la ida, creemos que porque paramos bastante al medio día para comer, y eso nos cortó el día en dos. El viernes compramos pan y con cosas que ya teníamos en la heladera hicimos una picadita abajo de un árbol en las afueras de General Roca, y el sábado compramos empanadas y tortilla en una rotisería de Pehuajó y comimos en una plaza del pueblo. En ambos casos, yo manejaba toda la mañana, y un rato después de comer, ahí tomaba la posta Moni mientras yo dormía la siesta, y luego yo hacía un par de horas al final del día... creo que vamos a tratar de reproducir esta secuencia en los próximos viajes largos.

Más allá de los lugares lindos que conocimos estas vacaciones (todas las fotos, acá), este viaje se destaca por el hecho de haber ayudado a mi hermana a construir su casa. El hecho de estar levantando una casa con tus propias manos, en un lugar no demasiado amigable (mucho calor de día, frío de noche, por momentos vientos demasiado fuertes, mucho polvo) es una experiencia para nada despreciable, y que me alegro haber vivido.

Para mi hermana y mi cuñado debe ser más trascendente aún, porque estaban desde antes y se quedaban un par de semanas más, y están construyendo su propio hogar.

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facundo

Unos días en la costa


Aprovechando que en Canonical no se trabaja entre Navidad y Año Nuevo, decidimos con la familia irnos unos días a la playa.

No fueron demasiados, ya que el 26 lo pasamos preparando cosas, y volvimos el 30 a la tarde, así Felu estaba descansado y en casa durante el 31, así podíamos todos disfrutar mejor la última noche del año. Pero entre viaje y todo fueron casi cuatro días, lo cual nos sirvió para explorar cómo se llevaba Felipe con los viajes más o menos largos, y con la carpa en particular, el camping en general, la arena y el mar, las olas y el viento, sucundún, sucundún.

En particular con Felipe, en el viaje no tuvimos problema. Nosotros somos de parar bastante, e hicimos que baje y camine un rato todas las veces, y más allá que se puso un poco fastidioso en algunos momentos, estuvo bien.

Pero lo que nos pasó en el viaje fue que se nos voló el colchón de Felu que llevábamos en el portaequipaje! Salimos de una estación de servicio, y al ratito nos hace seña un auto de algo raro, y caímos en que no teníamos más el colchón arriba del techo :(. Ahí nomás se bajó Moni y empezó a caminar de regreso, y yo hice una U y volví por la ruta hasta la estación de servicio y recorrí la ruta despacito a ver si lo encontrábamos... y sí, encontré al borde de la ruta la bolsa con unas mantitas, y al colchón agarrado contra la baranda que da al Río Samborombon... de casualidad no se nos fue al agua.

Más allá de eso llegamos perfecto, y tempranito. Buscamos un camping, elegimos un lugar, armamos la carpa, y antes de que anochezca teníamos todo armado, así que aprovechamos para ir a saludar al mar.

El primer encuentro de Felu con el mar no fue el más auspicioso: le hablaba pero estando arriba mío, no le gustaba mucho tocar el agua con los pies, y evitaba totalmente (haciendo unas contorsiones raras con el cuerpo) el tocar la arena: ¡no quería saber nada!



(click en la foto para ver un video)

Incluso las primeras horas en la carpa, que estaba sobre un terreno mezcla arena, tierra y pasto, no estaba muy convencido de salir de una mantita que le habíamos puesto.

Acá también se notó el peso del viaje en Felipe... no terminamos de salir de la playa que ya se había quedado dormido. Volvimos a la carpa, dejamos que Felu durmiera un rato, y luego nos fuimos a comer a una restorancito temprano. Al pequeño lo pusimos en su carrito, lo llevamos, lo trajimos, lo volvimos a poner en su colchón... él ni se enteró, siguió durmiendo tranquilito :|

Ya el segundo día ganó más confianza con el ambiente, y pisaba la arena estando calzado, e incluso caminaba de aquí para allá. En la carpa ya se desenvolvía mejor, y recorría las inmediaciones de la misma.

Se metió mejor en el mar, y en un punto hizo un click: encontró un palito y usando el mismo de bastón se largó definitivamente a caminar por la arena.

Incluso no le molestaba demasiado el caerse sentado, y se volvía a parar solo.



(click en la foto para ver un video)

El tercer día amaneció bastante fresco, así que fuimos a pasear por Mar de Las Pampas, a comprar algún que otro recuerdo, un llamador para la casa, Moni se compró algo de ropa, yo un libro ("Los juegos de Mastropiero", por Carlos Núñez Cortés), etc.

También compramos algunas vituallas, y entre una cosa y la otra, no arrancamos a la playa hasta la tardecita. Pero Felipe lo disfrutó a full, metiendo bien las patas en el mar, e incluso jugando como loco en la arena. Ya no le tenía asco a nada.



(click en la foto para ver un video)

En el camping ya estaba como chancho. Iba y venía de acá para allá, y hasta se cayó un par de veces con los vientos de la carpa (esa era fija que pasaba).

El último día nos levantamos tempranito... bah, Felipe nos levantó tempranito. Con esto de que era todo nuevo y excitante, se pasaba de rosca y no dormía siesta en ningún momento, hasta que caía desmayado a eso de las siete u ocho de la noche. Lo bueno es que después le pegaba once o doce horas de un tirón, pero claro, esto también significa que a eso de las siete u ocho de la mañana ya lo teníamos revoloteando por toda la carpa, :)

Bueno, decía, el último día nos levantamos tempranito, desayunamos, desarmamos y acomodamos todo, y a las once ya estábamos en la ruta, camino a Pinamar para pasar un rato ahí. Nos metimos en la playa para despedir al mar, y Felipe lo disfrutó a full, ya no ponía ningún pero.



Comimos, y emprendimos el regreso. Llegamos a casa a tiempo para desensillar, picar algo, e irnos a dormir.

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